I
La casa de cal
Cuando Inés heredó la casa, encontró polvo en los alféizares, una gotera paciente y un patio donde la higuera se inclinaba hacia el pozo. La gente del pueblo decía que llevaba años vacía. Inés abrió las ventanas y puso agua para el té. Mientras barría, le habló de su viaje en autobús, de su hermana y de las cosas que todavía no sabía ordenar. El yeso devolvió un crujido suave, como alguien acomodándose para escuchar. Aquella noche durmió en la cocina, bajo una manta. Por primera vez en mucho tiempo, el silencio no le pareció dueño de todo el cuarto.