I
La gaveta
En la cocina de la casa azul, una semilla de calabaza vivía en la gaveta de los manteles. Había llegado allí pegada al dobladillo de un paño, después de una comida de domingo. La gaveta se abría para buscar cucharas, servilletas o una vela; cada vez, la semilla veía pasar una franja de luz y escuchaba nombres de cosas que no conocía: sopa, visita, cumpleaños. No podía imaginar ninguna. A su alrededor dormían botones, una llave sin puerta y una canica verde que aseguraba haber rodado por todo el mundo. «¿Y tú qué harás?», preguntó la canica. La semilla no tenía respuesta. Guardaba dentro una curva diminuta, como una pregunta doblada. Cuando la casa quedó en silencio, el paño se alzó con una corriente y la semilla rodó hasta el fondo, junto a una caja de fósforos.